Plaza de Mayo le queda lejos, lejísimo. Igual que el 24 de
marzo. Hace un rato se quedó charlando con los pibes de la básica de a la
vuelta que lo invitaron a que marche con ellos y medio por vergüenza no les
preguntó para qué. ¿Cuánta memoria puede aguantar un pibe? Los rebotes de la Memoria , de esa memoria,
le son demasiado lejanos. Joel recuerda otras cosas, lo hace con todo el
cuerpo, sus percepciones sensoriales son aprendizajes a fuego. Sabe que tiene
que cuidarse de la policía, por su hermano sabe que en el penal te tenés que
hacer respetar, sabe que la escuela no puede nada y que los políticos son todos
cagadores. Aunque a Cristina la quiere. Antes iba a los actos de la
municipalidad, pero de un tiempo a esta parte no lo hace más, los llevaba Cepillo.
Se divertía un poco, comía algo y le daban unos mangos. Bastantes menos de los
que ganaba Cepillo por llevarlos. Mientras camina a la estación de Bosques le
rebota la frase “terrorismo de estado” que le dijo unos de los flacos y casi
sin proponérselo el 24 de marzo le queda lejos 45 se acuerda cuando la policía
mató a Renato dejándolo tirado en el andén, piensa en su tía que se desangró en
la guardia del hospital sin que la atendieran y, como siempre, vuelve a
preocuparse por su hermano que la cagó y ahora no la pasa nada bien. Su memoria
es de corto plazo, pero de una persistencia brutal. No olvida, no perdona, no
se reconcilia. Nunca se va a reconciliar con el policía que dejó ir al marido
de su mamá después de cagarla bien a palos. “Cosas de parejas”, le dijo
mientras él y su hermana juntaban los pedazos de mamá tirados en la vereda. No
olvida la cara de Renato cuando muerto de miedo le dijo que se tenía que ir
porque el jefe de calle le había jurado que lo iba a matar. Nada se puede
olvidar, ni la lágrima tatuada, porque era más que un hermano. No puede
perdonar que su viejo los dejó solos ni bien nació Ludmila y nunca más
apareció. Sabe que el olvido es una mentira. Todos los días aparece. ¿Por qué
tendría que haber un día especial de la memoria, si todos los días son el día
de la madre? Hace unos pares de años, los pibes de la básica lo llevaron a la Universidad de Varela.
Era una charla que daba una viejita con pañuelo blanco. Remotamente había oído
hablar de las Madres de Plaza de Mayo. El amor que salía de esa vieja le hizo
acordar al amor de su mamá por ellos tres: por él, por Ludmila y por Sebastián,
que aunque esté en el penal y sea un infinito garrón visitarlo, ella va casi
todas las semanas. Seguramente Plaza de Mayo es lejísimo, tanto como la dictadura,
los militantes, los obreros, el terrorismo de ese estado, esos desaparecidos y
la patria socialista, un mundo tan increíblemente ajeno a él, del que no tiene
información y ni siquiera quiere imaginar. Siente la obligación de acompañar a
los pibes que le hicieron conocer a esa madre que ama tanto como su vieja. “Si
no hay amor que no haya nada entonces, alma mía” repite una y otra vez mientras
llega a la estación, su memoria se enciende y descubre que en sus nervios hay
mucha más información del futuro.
*Texto del escritor conurbanense Diego Valeriano, publicado en el volumen Macri es la Cultura, que editó Tinta Limón Ediciones. Me parece interesante para pesar territorios y nuevas subjetividades nacidas al calor de los últimos doce años.