sábado, 21 de noviembre de 2015

Esa cola


"El culo de una arquitecta", por Pedro Mairal.
(del libro "Maniobras de evasión" publicado por Ediciones Udp.)

No suelo concordar con el prójimo varón sobre cuál es el mejor culo. Noto un gusto general por el culito escuálido de las modelos flacas. A mí me gustan grandes, hospitalarios, macizos. Me gusta el culo balcón, que sobresale y se autosustenta como un milagro de ingeniería. El culo bien latino, rappero, reggaetón, de doble pompa viva y prodigiosa.
Me salen versos cuando hablo de culos. Quizá porque en los culos hay algo más antiguo y atávico que en las tetas, que en realidad son una intelectualización. Las tetas son renacentistas, pero el culo es primitivo, neanderthaliano. Con su poder de atracción inequívoca, su convergencia
invitadora, es un hit prehistórico. Despierta nuestro costado más bestial: el del acoplamiento en cuatro patas. Las tetas son un invento más reciente, son prosaicas. El culo, en cambio, es lírico, musical, cadencioso, indiscernible del meneo de caderas, del ritmo, la batida de la bossa que retrata a la garota que se aleja en Ipanema.
Porque el culo siempre se aleja, siempre se va yendo, invitando a que lo sigan. Se mueve en dirección contraria de las tetas que siempre vienen y por eso suelen ser alarmantes, amenazadoras, casi bélicas (me acuerdo de las tetas de Afrodita, la novia de Mazinger Z, que se disparaban como dos misiles). Las tetas confrontan, el culo huye, es elegía de sí mismo, se va yendo como la vida misma y deja tristes a los hombres pensando qué cosa más linda, más llena de gracia aquella morena que viene y que pasa con dulce balance camino del mar.
Las mujeres argentinas tienen orto, las colombianas jopo, las brasileñas bunda, las mexicanas bote, las peruanas tarro, las cubanas nevera o fambeco, las chilenas tienen poto. O mejor dicho, las chilenas no tienen poto, según mis amigos transandinos que se quejan de esa falta y quedan asombrados cuando viajan por Latinoamérica. Yo mismo casi me encadeno a la muralla del Baluarte de San Francisco en el último Hay Festival de Cartagena de Indias para no tener que volver y poder seguir admirando el desfile incesante de cartageneras o barranquilleras cuyos culos altaneros merecían no este breve artículo sino un tratado enciclopédico o un poemario como el Canto General.
De las cosas que hacen las mujeres por su culo, la que más ternura me da es cuando lo acercan a la estufa para calentarlo. No lo pueden evitar. Pasan frente a una chimenea o un radiador y acercan el culo, lo empollan un rato. El culo es la parte más fría de una mujer. Siempre
sorprende al tacto esa temperatura, el frescor del cachete en el primer encuentro con la mano.
Durante el abrazo, se puede llegar a los cachetes de dos maneras. Una es desde arriba, si la mujer tiene puesto un pantalón, pero es dificultoso y lo ajustado de la tela impide la maniobra y la palmada vital. La otra forma es desde abajo y eso es lo mejor, cuando se alcanza el culo levantando de a poco el vestido, por los muslos, y de pronto se llega a esas órbitas gemelas, esa abundancia a manos llenas. En ese instante se siente que las manos no fueron hechas para ninguna otra cosa más que palpar esa felicidad, para sentir con todos los músculos del cuerpo la blanda gravitación, el peso exacto de la redondez terrestre.
Se suele pensar que, en el sexo, la posición de perrito somete a la mujer. Pero hay que decir que abordar por detrás a una mujer de ancas poderosas puede ser todo lo contrario: es como acoplarse a una locomotora, como engancharse en la fuerza de la vida, hay que seguirla, no es fácil, uno queda subordinado a su energía, hay que trabajar, darle mucha bomba, carbón para la máquina. Es uno el que queda sometido a su gran expectativa, absorto, subyugado, vaciándose para siempre en la doble esfera viva de esa mantis religiosa.
Una vez vi un hombre de unos 45 años dando vueltas al parque, corriendo tras su personal trainer. Lo curioso es que era una personal trainer, y las calzas azules de esta profesora de gimnasia evidenciaban que tenía un doctorado en glúteos. Como el galgo tras la liebre, el hombre corría tras ella sin pensar en nada más que ese seguimiento personal. No me sorprendería que a la media hora hubiera un grupo de corredores trotando detrás, en caravana. La música de los culos es la del flautista de Hamelin. Los hombres, con su legión de ratones, van tras ella, hipnotizados.
Las mujeres saben aprovechar sus recursos. Yo trabajé en una empresa en el mismo piso que una arquitecta narigona (esas narigonas sexys) y con un “tremendo fambeco”. Ella sabía que era su mejor ángulo y lo hacía valer, con unos pantalones ajustados que dejaban todo temblando. Era una de esas oficinas cuadradas, llenas de líneas rectas: el almanaque cuadriculado, la tabla rectangular del escritorio, la ventana, los estantes, las carpetas de archivos. Un lugar irrespirable de no ser por el culo de la arquitecta que a veces pasaba camino a tesorería o a la fotocopiadora. Su culo era lo único redondo en todo este edificio de oficinas. Lo único vivo yo creo. Nunca intenté nada (se decía que tenía un novio), pero en una época yo pensaba escribir una novela con los acoplamientos heroicos que imaginé con ella. Una novela que iba a titular, con un guiño a Greenaway, “El culo de una arquitecta”.
No escribí ni dos líneas de esa novela, pero sí algunos poemas que ella nunca leyó. Me acuerdo que la veía antes de verla, la intuía en un ritmo particular que tenía el sonido de sus pasos, un peso, un roce de la cara interna de sus muslos de falsa mulata. Cuando aparecía en el rabillo de mi ojo, ya sabía plenamente que se trataba de ella. Y pasaba y todo se detenía un instante, el memo, el mail, la voz en el teléfono, todo se curvaba de pronto, no había más rectas, todo se ovalaba, se abombaba, y el corazón del oficinista medio quedaba bailando. No exagero.
Además era plena crisis de 2002. Todo se derrumbaba, caían los ministros, los presidentes, caía la economía, la moneda, la bolsa, caía el gran telón pintado del primer mundo, caía la moral, el ingreso per cápita, todo caía, salvo el culo de la arquitecta que parecía subir y subir, cada vez más vivaracho, más mordible, más esférico, más encabritado en su oscilación por los corredores, pasando en un meneo vanidoso que parecía ir diciendo no, mirame pero no, seguime pero no, dedicame poemas pero no. Ojalá ella llegue a leer esto algún día y se entere del bien que me hizo durante esos dos años con sólo ser parte de mi día laborable pasando con tanta gracia frente al mono de mi hormona. Y ojalá se entere también de que, cuando me echaron, lo único que lamenté fue dejar de verla desfilar por los pasillos respingando el durazno gigante de su culo soñado.

martes, 17 de noviembre de 2015

El "mundo de las ideas" del macrismo y la pavada de las solicitadas

A semanas del balotaje armaron la versión de Carpa Abierta de la derecha. No nos extraña que la firma de Pola Olaixarac forme parte de la solicitada que publicaron hace unos días. Tempranamente, en el 2012 los pibes de Planta le sacaron la ficha.


Un juicio sobre Pola Oloixarac (2012, Publicado en REVISTA PLANTA)

Análisis de Las teorías salvajes en sus niveles estilístico, cultural y político. La filosofía, el Zeitgeist y la agenda del progresismo.

Por Damián Selci y Nicolás Vilela

1- Mis Documentos
Aunque muchos comentaristas coincidieron en que Las teorías salvajes (Entropía, 2008) es un libro "sádico", "revulsivo", "sin miramientos en su crítica del ambiente cultural argentino", hay elementos para pensar que, pese a todo, tiene un final feliz. En el último capítulo la narradora se prepara para un encuentro con un profesor de la universidad, Augusto García Roxler. Leemos entonces lo siguiente: "Tengo la tentación de imprimirle la carpeta entera de 'Mis Documentos', mi compendio de observaciones desde el comienzo de mis lecturas adultas, la totalidad de mis intuiciones antropológicas, esbozos de las teorías nuevas sobre las que estoy trabajando, mi sociológica historia de la perversidad. Pero no. Mejor recapitular. Ordenar, enlazar, componer, volver a numerar". Durante toda la novela García Roxler, docente universitario izquierdista, fue parodiado con saña; sin embargo, en la última escena se convierte en alguien envidiable: al parecer él, a diferencia de nosotros, se salvó de leer la novela entera de Pola Oloixarac (1977). Final feliz, entonces: para García Roxler, no para el lector. Considerando el carácter más bien inútil que marca desde el principio el contenido de este libro, se puede pensar que Las teorías salvajes es la impresión de la entera carpeta de "Mis Documentos" de una estudiante de filosofía singularmente eufórica. Sin embargo, o quizá por eso mismo, Las teorías salvajes se ganó un atisbo de novedad; esto puede ser notable o incomprensible según se mire, y para muchos, directamente irrelevante; pero el que todos los logros de Las teorías salvajes deban ser situados del lado del ruido cósmico y la venta de humo no excluye, y más bien reclama, una intervención crítica de tendencia humanista y quirúrgica. No hay que descartar que los comentaristas, en su mayoría, hayan escuchado música celestial donde no había más que un coro de bocinazos (no sería la primera vez) pero, en todo caso, a los efectos de la comprensión intelectual se torna necesario hacer un mínimo sobrevuelo por el enorme cúmulo de ideas que Oloixarac vertió en su novela y en sus entrevistas. Hay un hecho sugestivo, y es el siguiente: la pátina de "desparpajo", de "novela ambiciosa", de "libro necesario" que Las teorías salvajes consiguió durante el verano obstruye la percepción del carácter fundamentalmente regresivo del texto en todos los niveles de su forma: en lo sintáctico, en lo cultural, en lo político. Es lo que nos proponemos demostrar.

2- "La sintaxis no miente"
Empecemos con la "preocupación por el estilo" que Oloixarac manifestó en la reciente charla en Eterna Cadencia organizada con motivo de la presentación de la novela, y sumémosle a eso la cantidad de veces que aparece la palabra "sintaxis" en el texto (¿doce veces? ¿veinte veces?). Abrimos Las teorías salvajes y leemos la primera oración: "En los ritos de pasaje practicados por las comunidades Orokaiva, Nueva Guinea, los niños que van a ser iniciados, varones y niñas, son primero amenazados por adultos que se agazapan tras los arbustos". Es una sorpresa, realmente. En términos estilísticos parece un inicio poco prometedor: tres participios rimados ("practicados", "iniciados" y "amenazados"), un criterio extraño para la aposición de los sustantivos ("niños" es dividido, redundantemente, en "varones y niñas") y una aliteración de tres vocales que salió indemne de la corrección (a-o-u: "adultos" y "arbustos", las dos en el mismo período). Quizá no se pueda ser tan exquisito; los comienzos siempre son difíciles. Pero al rato nos sentimos otra vez desorientados. Descubrimos que casi no hay página que no contenga alguna palabra en itálicas: "La filosofía es el playground de Satán"; "La culminación mezclaba las lágrimas y el semen, se sentía muy terapéutico"; "la banda punkie Dos Minutos". Qué raro. Si en la primera frase el recurso se justifica porque se trata de una palabra extranjera, en la segunda... ¿por qué? ¿Y la tercera? ¿Qué es una banda punkie? Difícil saberlo. Existen bandas punks en nuestro país por lo menos desde 1979 (Los Violadores), momento en que la autora tenía dos años. Sin embargo, no parece que sea la falta de cultura joven lo que explique esta rareza de Oloixarac: palabras tan cercanas como puff, blog, disc-jockey, que ya tienen carta de ciudadanía por el uso, son sometidas al bastardilleo, como así también legible, efecto, post, intervalo o cualquier otra... La revista Viva no se atrevería, como Oloixarac, a ponerle cursivas a un campus universitario. Sin dudas es una escritora con mucho desparpajo. Pero en fin, ¿qué son unas cuantas itálicas desperdigadas por ahí? Nada. En cambio preocupan más las repeticiones de estructuras ("Caminando a zancadas, esquivando mis juicios lapidarios"), la imitación quizá voluntaria del lenguaje de traducción ("quitarle", "más de las veces"), el recurso permanente a la prosa de monografía ("se sabe"), la abrumadora cantidad de menciones a filósofos ("el primer Wittgenstein"), la construcción de metáforas equidistantes respecto del posestructuralismo francés y la copia novata del romanticismo ("en otros pozos de sentido, otras penínsulas de rocas"), el procedimiento de "risa enlatada" (un personaje hace una observación "picante" y la narradora, para ayudarnos, aclara que otro se ríe), más aposiciones increíbles ("Porque lo que quiero decirte -lo que aúllo por comunicarte-"), más itálicas, más nombres, más, más... ¿A qué responde este sistema expresivo? ¿Inseguridad retórica? ¿Falta de autoestima estilística, tal vez? Como hipótesis se puede sugerir que Oloixarac no tiene mayor confianza en su prosa y que por eso apela al relleno, la redundancia, la gigantografía. Rara vez deja tranquilos a los sustantivos; prefiere hostigarlos con aposiciones, construcciones adjetivales, subrayados... Hacia la página 141, cuando el lector ya percibió que la narradora no tiene un buen concepto de la izquierda occidental, hay una escena donde un libro de Trotsky queda tirado en el piso: parece suficiente demérito para el marxismo soviético, pero a Oloixarac no le alcanza, y nos reasegura que lo que está ahí es su "pobre, avejentada e inútil historia de la revolución rusa". Adjetivos, adjetivos, adjetivos: todo tiene que ser remarcado en el estilo-pánico de Oloixarac (1).

3- Miguel Cané con polleras
Un personaje "levanta una ceja despectiva", otro mira con "canónica desconfianza", la narradora se refiere a un "tono de maestrita bonaerense": hipálages, hipérboles y diminutivos son tres de los recursos con los que la adjetivación se hace cargo de un único sentimiento: el desprecio social. El balance del breve análisis precedente arroja un resultado claro: un estilo dispuesto a perderse entre adjetivos desdeñosos, aposiciones redundantes, bastardillas que fingen distancia en palabras que no la tienen, etc., es un estilo con un afán de distinción cultural. Lo que importa a la hora de escribir no es, parece, canalizar literariamente las ideas, aspiraciones y temores de los contemporáneos, sino marcar con una cruz a los ignorantes y parodiarlos sin tregua. ¿Quiénes son los ignorantes? Adelantemos algo que vamos a retomar después: los ignorantes son los subeducados por "la cultura progresista". ¿Quiénes son, entonces, los sobreeducados? Aunque no parezca, es por medio de esta pregunta que puede entenderse aquella extraña afirmación de Oloixarac durante la charla en Eterna Cadencia: el lector ideal de Las teorías salvajes sería, según dijo, "una persona profundamente humanista". Considerando la vocación peyorativa de Las teorías salvajes, parece una tesis indescifrable, y sin embargo no lo es: el nombre propio que aclararía la cuestión sería el de Miguel Cané, autoproclamado humanista que con una mano escribía loas a los autores clásicos y con la otra redactaba una Ley de Residencia para expulsar a los inmigrantes que quisieran introducir ideas socialistas en la clase obrera argentina. Esta referencia no tendría que sonar desmedida: después de estudiarlos un rato, tenemos la sensación de que los "saberes" de la novela no buscan proporcionar alguna información útil sino que funcionan como vectores de estratificación social. El conocimiento aparece como una determinación acumulable que distingue entre los que "saben" y los que no. Y los que saben son los que leyeron, claro: ante todo, filosofía. Por esa razón, no resulta necesario que el saber sea verdaderamente profundo, o sea, útil en algún sentido; a los efectos de Oloixarac basta con mencionarlo. Todo sucede como si Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Rousseau, Hobbes, Clausewitz, Wittgenstein y Althusser pasaran, saludaran a la plebe y se metieran de nuevo en la hoja de apuntes (2). Por momentos Oloixarac entiende que tratar a los filósofos como se cantan los números de la lotería puede ser insuficiente como prueba de sofisticación, y entonces filosofa sobre: Borges, la cópula, el Aleph y los espejos; Platón, los guerreros homosexuales que son tanto más guerreros cuanto más homosexuales; Hobbes y el terror... Pero claro, no son temas inéditos, sino una doxa desmayada. Oloixarac parece decirnos que es mejor evidenciar un saber cualquiera antes que preguntarse qué hacer con él (por eso las bastardillas enfatizan una palabra de cada cuatro: para generar apariencia de concepto). La mímica argumentativa de su novela está hecha de notas al pie, citas en lengua original, referencias bibliográficas, y no de algún contenido digno de atención. Esto se vuelve particularmente claro en la charla en Eterna Cadencia, donde Oloixarac acometió con un panegírico de la escritura "pura", argumentativamente acérrima, de Spinoza: "¡Eso es escribir historias!", aseguró. Pero si relacionamos esa frase con lo que pasa en Las teorías salvajes queda claro que Oloixarac entiende a la literatura como un recipiente donde emitir teorías que no podrían sostenerse ni un instante en los géneros argumentativos convencionales, y a la filosofía como un barniz para disimular el descascaramiento de su prosa literaria. Por cierto esto no significa que Las teorías salvajes esté "entre" la filosofía y la literatura, sino más bien que pretende estafar a una con la otra. Es, podríamos decir, el triunfo de la parafernalia. Y la parafernalia tiene una lógica implacable. Oloixarac no se priva de escribir su propia ontología; esto le habrá demandado tiempo, seguramente, y es una pena porque nadie se lo devolverá. De cualquier manera, podríamos pensar que sí existió una recompensa: la simulación del pensamiento por parte de Oloixarac tuvo como contrapartida la simulación de la sorpresa por parte de los reseñistas. Es posible (¿por qué no?) que el simulacro haya sido tan bueno como para que los mismos actores se lo creyeran. Pero, aunque hay que respetar las creencias privadas de las personas, nuestros problemas son otros: a nivel cultural, la base del humanismo conservador de Oloixarac es una absoluta tabula rasa de información práctica.

4- Oloixarac y sus precursores
Nada compite en asco con el capitalismo escénico desarrollado por las izquierdas para la comercialización de sus productos. Es una forma de banalidad común a las sociologías triunfantes: el silogismo práctico según el cual la verdad está necesariamente del lado de los perseguidos y de los pobres, sólo porque halaga al ideal democrático en vigencia y otra sarta de eufemismos que no pueden ser puestos en duda. Tener una izquierda triunfante en el ámbito de la cultura tiene consecuencias peores que simplemente malas películas. (Pola Oloixarac, Las teorías salvajes, p. 188).
El pobrismo no es un mecanismo de dominación, es una visión de la sociedad, una filosofía de vida, una versión del mundo. (...) Pobrismo es hacer de la comunidad carenciada una comunidad virtuosa, del hombre caído un personaje siempre más valioso y mejor que el hombre entero y capaz de algo. (...) Pobrismo es, para un político, cortejar a la pobreza como a una novia, siendo incapaz de generar otra estrategia de poder que la de reinar en el vacío. (Alejandro Rozitchner, "Una visión pobrista", http://www.bienvenidosami.com.ar/v2/articulos/2005_Noticias_UnaVisionPobrista.html).
El impulso básico de Las teorías salvajes se podría resumir en la siguiente fórmula: hay que terminar con la hegemonía de la izquierda progresista en el campo cultural. No hay otra manera de entender la ideología del libro. Los reseñistas han marcado el carácter "crítico, revulsivo" de Oloixarac; lo que no dijeron es que todas las críticas que hace van por derecha. La novela incluye una parodia de la pregnancia del marxismo en la universidad; una parodia de la educación sexual en los colegios; una parodia del diario íntimo de una militante maoísta; una parodia de un profesor de izquierda; una parodia de otro profesor de izquierda; una parodia de las mujeres que se anotan en la carrera de Psicología; una parodia del discurso de una psicoanalista lacaniana; una parodia de una docente bonaerense que habla marcando las zetas; una parodia del modo de vestir de los estudiantes de Puán; y otras parodias que omitimos por cansancio. Por supuesto, decir que Oloixarac es una escritora de derecha sería erróneo: no es escritora. La disyuntiva entre escribir legiblemente y emitir una opinión desaforada contra cualquier cosa que parezca izquierdista decanta, por sí sola, en la segunda opción. Si bien es probable que Michel Houellebecq sea un referente para Oloixarac (como lo es, según declaró en Eterna Cadencia, Peter Sloterdijk, un filósofo alemán muy parecido, en cuanto a lo atrevido de su inanidad mental, al escritor francés), por razones de locación Alejandro Rozitchner parece una referencia más apta. Y no solamente porque tanto Oloixarac como Rozitchner usen la filosofía de un modo que no desentonaría con la revista Brando, situándose entre una nota sobre la mejor manera de invertir 30 mil dólares y la última producción fotográfica de Pampita Ardohain. Los párrafos arriba citados muestran que además comparten un nietzscheanismo glotón y arancelado. Pero Oloixarac es más joven o (todavía) más vehemente que su colega; no solamente quiere ser de derecha, además quiere demostrar la superioridad filosófica de la derecha. En esta instancia el libro alcanza un súmum de risibilidad. En la página 87 podemos leer que el sentido de la palabra "revolución" en Copérnico, designando los trayectos fijos de los planetas, tenía un "sentido fuertemente conservador" que "sólo se vio modificado posteriormente con el quilomberismo jacobino francés". Nosotros, lectores modernos que apoyamos el proceso contra Luis XVI, nos preguntamos: ¿y? Es triste, o inevitable, que Oloixarac se distraiga con semejante bagayeo. Pero todo derechista tiene en algún momento que hacer un excurso etimológico para refrenar el avance de la marea roja: Nietzsche buscó en la Genealogía de la moral la etimología de la palabra "bueno" para mostrar que el término original no se predicaba de los pobres y toda la lacra social judeocristiana, sino de los vikingos; Heidegger buscó la etimología del término griego aletheia para probar que Occidente se había cerrado al Ser y había caído entre las tenazas del americanismo y el sovietismo; Mariano Grondona también es famoso por buscar etimologías, y a veces hasta por encontrarlas. Para decirlo de una vez, Pola Oloixarac no es moderna. El recurso a la etimología como piedra de toque de sus críticas a la tradición de izquierda es una prueba clara de que, ante todos los fenómenos de la vida social, Oloixarac mira para atrás. Su desprecio no es una comprensión del mundo sino la secreción imparable de una melancolía agrietada, medieval. Con estas premisas, será claro para el lector que cuando Oloixarac se abone a escribir sobre la lucha de clases en la Argentina de los 70 sólo podrá exhibir una desorientación máxima. La novedad, en este punto, se limita a refritar dos veces la teoría de los dos demonios (cf. el ¡otro! excurso etimológico sobre la palabra "bestia" en la p. 193, y el videojuego Dirty War 1975 en la 213 y ss.)

5- TN o el Zeitgeist
La distancia que Oloixarac impone con el mundo humano, expresada en la sintaxis aterrorizada, en las descripciones con mero afán despectivo, en los muñecos inertes que hace pasar por personajes y en las escenas inverosímiles que monta con la sola voluntad de escupir contra algún lugar común progresista, es precisamente lo que le cierra el acceso a la comprensión del mundo en el que vive. Por eso estamos en condiciones de afirmar que en Las teorías salvajes no hay ideas sobre nuestra época. La entrevista en donde Oloixarac decía que lo que le interesaba era aprehender el Zeitgeist nos había entusiasmado; la novela que vino a testificarlo nos dejó un regusto a decepción. Por duro que sea, hay que asumir que la promesa de entender el presente decae hacia la perezosa ocurrencia de que el mundo de los jóvenes está hecho de drogas sintéticas, fiestas, orgías, blogs y videojuegos violentos... ¿Realmente Oloixarac cree en todo esto? Es una etnografía de noticiero, esquemática, que sólo repite el nivel de credibilidad y espesor de los columnistas de TN, siempre interesados en la sexualidad borrosa de los floggers y en "el descontrol en Villa Gesell". Insignificancias, claro, históricamente causantes del fastidio de generaciones de artistas e intelectuales, pero que no disgustan a Oloixarac. Para abreviar, en lugar de un Zeitgeist novelado encontramos delirio de novedad, populismo informativo y fanatismo derechista: se dirá que son los riesgos de escribir con el televisor prendido, y es posible; no hay muchas maneras de explicar el escandalizado interés por los vendedores ambulantes de la facultad, ni el enfoque de suplemento informático dominical con que la novela se acerca a "temas de actualidad" como internet y los hackers; hasta hay una escena de "inseguridad" con unos ladrones tan falsos que hacen pensar en la necesidad (literaria, claro) de que Oloixarac sea asaltada más seguido. La mentalidad de movilero frívolo que organiza la perceptiva de la novela explica, también, las escenas sexuales. Ya sabemos que Oloixarac busca correr por derecha al progresismo en todas sus líneas: por ende, en Las teorías salvajes está mal vista de educación sexual en los colegios (cf. p. 38), pero bien vista una moral sexual "perversa", que no tiene nada que ver con la de Sade o Lamborghini, pero sí con el destape católico: los personajes no se pierden a sí mismos por la vía de la violencia sexual, sino que, por el contrario, alardean un descarrío tan falto de consecuencias que sólo puede ser la antesala de un lógico matrimonio burgués. Es sabido que al poder eclesiástico no le molesta que sus representantes abusen de algunos niños, pero le fastidia que el Estado le dispute el monopolio discursivo sobre la sexualidad. Las teorías salvajes comparte esta canónica desconfianza.

6- De la autoestima a la autocrítica
Que las reseñas y los comentarios hayan gustado de Las teorías salvajes por su impronta "disidente" y "descarriada" no puede asombrarnos, finalmente, "la literatura debe cuestionar", etc.; pero queda abierta la pregunta acerca de si realmente sobra progresismo en este país, es decir, si verdaderamente hay resto como para que los comentaristas del libro de todo el arco cultural celebren las invectivas de la novela de Oloixarac sin hacer mención a su carácter retardatario. Basta con hojear cualquier diario con llegada para notar que las mínimas posiciones de izquierda son todos los días desmentidas desde los títulos hasta el editorial y el chiste de la contratapa. Dada la carencia de una agenda cultural progresista, lo que encontramos en Las teorías salvajes es consenso periodístico de derecha, más que incorrección intelectual. Claro que un autor ideológicamente conservador podría tener otros méritos (Céline, León Bloy o quien sea): pero creemos haber demostrado que Las teorías salvajes no muestra nada interesante en ninguno de sus niveles. La defensa del texto, por lo tanto, es imposible de hacer, salvo desde la derecha (3). Los comentaristas, apelando a la construcción adjetival "hija descarriada de Puán", han pretendido que Oloixarac de alguna manera compartía con ellos un éter común, el universitario, y entendieron que todas sus críticas eran, por así decir, "internas". En este punto se impone un desagravio general de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA: ciertamente no se la puede responsabilizar de haber engendrado a Las teorías salvajes. La relación de Oloixarac con la academia es narrativa y argumentativamente tan anodina como con el resto de los temas. Hasta aquí, la única evidencia es que Las teorías salvajes no sirve para pensar. Tampoco para escribir: no contiene una sola idea literaria válida (¿parodiar profesores universitarios es el destino de la narrativa?) y su uso de la hipotaxis tiene resultados espectrales. Su desparpajo derechista no nos convoca como lectores, no le da expresión a las cosas que pensamos y encarna, en diversos niveles, el fin de la inteligencia a manos de la pereza, el amague y la vanidad. Es una novela sin amor. Con todo, el censo final sugiere la posibilidad de un acontecimiento estremecedor: una retractación pública por parte de Oloixarac. A sala llena, con brindis festivo y empanadas: ideal para el comienzo del otoño. ¿No sería estimulante?
(3) Por eso resulta raro que Oloixarac haya participado en la Mesa Redonda del Día de la Mujer celebrada el pasado 11 de marzo en el Centro Cultural "Paco Urondo" (sito en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) con una ponencia sobre "La belleza y la guerra en Las teorías salvajes". Raro porque, teniendo en cuenta la manera en que las mujeres aparecen representadas, se diría que la suya es una novela falocéntrica.


lunes, 9 de noviembre de 2015

Un mural que diga: Rousseau para todes

Mural Panamérica Unida. Diego Rivera

Cuando llega por primera vez a París, Rousseau le escribe a la novia en una carta: "Todas las cosas de esta ciudad embriagan mis sentidos, pero ninguna logra tocar mi corazón." Lo mismo puedo decir de la zona más cara y cosmpolita de Capital, tiene lugares esplendorosos y sin embargo a mi me siguen “conmoviendo” los escombros, los cables, los baldíos, los límites entre barrios, las circunvalaciones, los paredones, los arroyos, los ridículos shoppings como catedrales entre autopistas, las fábricas, los locales de negocios en avenidas desconocidas, las estaciones del Sarmiento. Se sabe, el mobiliario urbano no está hecho con un fin estético, sino que es utilitario y por eso no se lo capta a simple vista pero constituye gran parte del clima, de la atmósfera de los lugares...

Y en ese sentido, con los compañeros hablamos de la importancia de intervenir visualmente los espacios públicos más transitados de Moreno, no solo para embellecerlos también para inventar una retórica visual que hable de nuestra historia e identidad desde una matriz popular. De cara a los cuatro años venideros de gestión local, nos gustaría convocar muralistas, grafiteros, pintores… a la tarea de relatar nuestra historia, la otra historia, en las paredes, el pavimento, el cemento conurbano y también por qué no contribuir a levantar el autoestima del morenense (más de una vez escuchamos que Moreno es feo, es "morenegro", xenófobamente) Sin ir más lejos, en las inmediaciones del centro comercial y administrativo, ante la fealdad y la monotonía del poder de las marquesinas, carteles y gigantografías de las corporaciones por doquier, puede convivir otro paisaje, podemos mostrar la latencia de las contradicciones sociales. Acá  hay artistas por todas partes, sólo hay que visibilizar su trabajo, ir a buscarlos, invitarlos  a participar. De hecho, la última vez que Cristina apareció en la Rosada, en el medio de intercambio de palabras con el artista Daniel Santoro, se hizo referencia al muralismo mexicano de principios de siglo xx como sistema artístico de intervención y comunicación de lo público, de lo comunal; inmediatamente tomé nota mental. Es necesario ampliar la sensibilidad y la imaginación para explotar las posibilidades expresivas de una calle, de una pared, de una esquina, de un túnel. Eso también es gobernar.

jueves, 5 de noviembre de 2015

Ballotaje, el disco de Menem.

Un concepto: neoliberalismo. Un nombre: Menem. Una divisa: plasmar en todos los niveles los efectos de la aplicación histórica de ese concepto en nuestro país. Eso se propone esta banda punk argentina. ¿Cómo lo logran? Al nivel del contenido semántico de las letras, recrean el discurso del "quemado", del pibe marginal, pero particularmente rabioso y desfachatado, de una vitalidad que asustaría a cualquier macrista. La voz emula histriónicamente a dicho sujeto social, emergente de los '90, a veces a los gritos, a veces tan solo repite palabras inconexas, desprejuiciado, sin el menor intento de alcanzar alguna nota, o también interpela directo al oyente, perdiendo el hilo de la canción en sí, y en algunos casos el cantante balbucea, a tal punto que por momentos no se le entiende nada; emula giros y modismos del habla cotidiana, con una identificación tan buena que no da lugar a la falsa impostación sino a una empatía clara, política, mostrando, con gracia y precisión, las consecuencias de semejante debacle sociocultural. Las melodías, como corresponde al caso, están conformadas por acordes elementales, por debajo inclusive de la media del punk en general. Por momentos suenan guitarras duras y una batería rápida, más cercanas al heavy metal. No falta la ironía, la protesta y el bardo liso y llano. Con este armado estético, la propuesta es, desde el punto de vista ético-político, absolutamente radical, no se salva nadie, no hay lugar para los buenos sentimientos, no intentan representar una voluntad progresista y edificante. Alejandro Rubio diría que hacen realismo moral: cuando un grupo social está hecho mierda, está hecho mierda. 
Hasta ahora sacaron tres discos, el segundo se llama, oh casualidad, Ballotage. Lo pueden escuchar acá.



martes, 20 de octubre de 2015

Uno de Enrique Molina

Si alguna vez te separaste, si estás a punto de hacerlo, si soñás hacerlo alguna vez (?) leé esto:

Cuando un hombre y una mujer que se han amado 
se separan
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del 
    orgullo
la errónea maravilla de sus noches de amor 
las constelaciones pasionales
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las
    piedras sus plegarias y cóleras 
sus dramas de secretas injurias enterradas 
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas 
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el
   furor de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas los  lechos  a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños 
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de 
    pronto con la palidez de la tristeza y todos los gestos del 
    abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de
    la tormenta 
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca 
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
    enfundadas en ropas polvorientas 
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos
    informes 
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros 
    hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura siempre a punto de partir 
siempre esperando el desenlace 
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la 
    espuma de los días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de 
    lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta
    en otro cielo en otro infierno 
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal
    como un enorme galápago 
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del
    trabajo marítimo con el desplomado trono de las olas
    y el árbol de la hélice que pasaba justamente bajo mi
    cucheta
este es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el 
    mundo desesperado como una fiesta en su huracán de 
    estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la 
    boca de las aguas y de los campos con las violencias 
    de este planeta que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía
    a tus brazos como un pájaro 
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo
    en la punta y el cabo de Manila fue recogido 
todo termina 
los viajes y el amor 
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la
    bestia que acecha en el sol de su instinto 
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su
    dicha y a sus muertos 
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa 
unos labios lavados por el diluvio 
y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la
    vehemencia del verano y el remolino de las hojas sobre las 
    sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón 
    de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso 
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed 
intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer se han amado 
se separan.

miércoles, 5 de agosto de 2015

Los spots de campaña y The Walking Dead

En una entrevista que le hace una periodista tucumana en un humilde programa de Tv y a partir de su visita a la Universidad Nacional de Tucuman, Nicolás Rosa* en un momento dice que al recorrer a pata la capital de aquella provincia percibió una suerte de extraordinario erotismo, reflejado en el aire, en las calles, en las caras y gestos de los habitantes que lo invitaba a quedarse, a disfrutarla, a contemplarla, algo que no se percibe en Bs. As. ni en la mayoría de las ciudades cosmopolitas del mundo, decía, ya que en ellas los habitantes tienen trazado de antemano un recorrido, un habitus social, determinado arquitectónicamente, que es el correlato espacial de una forma rutinaria de vivir, de habitar la ciudad y que se traslada al comportamiento de la gente; un mecanismo funcional a la división del trabajo y a la organización de la producción de valor agregado como en cualquier polis capitalista. Me acordé de esta entrevista a partir de las ridículas pantomimas que vemos hacer en los spots de campaña a la mayoría de los candidatos cuyo leimotiv es “caminar la ciudad.” Me llevó a preguntarme, mientras me bañaba (¡): ¿cómo nosotros caminamos Moreno? ¿cuántas formas hay de caminar un lugar, una ciudad, un barrio? ¿cuáles son las condiciones de posibilidad de caminar Moreno? Es decir, ¿hasta dónde? ¿Cuánto tiempo? ¿A qué cosas hay prestarle especial atención? ¿Existe una diferencia entre caminar Capital y caminar Moreno? Políticamente seguro. 

Por otra parte, en términos de placer, confieso que les envidio una sola cosa a los porteños. Y por eso no concuerdo del todo con Nicolás. Ellos tienen la posibilidad de salir, supongamos, un sábado a la madrugada a caminar, solamente a caminar, cruzar de punta a punta barrios, de comuna a comuna. Perderse bajo las luces. Aunque no en cualquier zona, obviamente. Lo experimenté con amigos de allá y con mi segunda ex novia que vivía cerca de Puán. Ebrio, en una noche primaveral, es lindo caminar sin ir a ningún lado en particular, solo dejarte llevar por la sintaxis (?) de las veredas, de los empedrados, hasta altas horas de la noche, tranquilo...




martes, 28 de julio de 2015

Les cuento un Leopoldo

"Emoción aldeana" (Lunario Sentimental) de Leopoldo Lugones con molestos comentarios míos.
"Nunca gocé ternura más extraña,
Que una tarde entre las manos prolijas
Del barbero de campaña,
Furtivo carbonario que tenía dos hijas.
Yo venía de la montaña
En mi claudicante jardinera,
Con timidez urbana y ebrio de primavera."
O sea el tipo se va a afeitar la barba, está en un pueblo, viene de la ciudad y se siente bien, está: "ebrio de primavera". Atenti: dice que el barbero es un "furtivo carbonario": los carbonarios eran revolucionarios anarquistas/socialistas españoles de principios de siglo XX. Ergo: el barbero es un exiliado político en Argentina. Interesante, magistral.
"Aristas de mis parvas,
Tupían la fortaleza silvestre
De mi semestre
De barbas."
Acaso se puede describir mejor una barba. Evidentemente no se la cortaba dese hace seis meses.
"Recliné la cabeza
Sobre la fatigada almohadilla,
Con una plenitud sencilla
De docilidad y de limpieza;
y en ademán cristiano presenté la mejilla"
En cinco versos narra al detalle los movimientos de acomodo para que el barbero empiece a trabajar. Atenti novelistas contemporáneos…y luego veamos cómo compara lo que se ve reflejado en el espejo de la barbería con un cuadro, con una pintura:
"El desonchado espejo,
Protegido por marchitos tules,
Absorbiendo el paisaje en su reflejo,
Era un óleo enorme de sol bermejo,
Praderas pálidas y cielos azules.
y ante el mórbido gozo
De la tarde vibrada en pastorelas,
Flameaba como un soberbio trozo
Que glorificara un orgullo de escuelas."
Es decir el espejo releja el paisaje exterior (lo que está afuera de la barbería) que funciona a su vez como correlato del "paisaje interior" del poeta, notablemente melancólico. Y sigue contando:
"La brocha, en tanto,
Nevaba su sedosa espuma
Con el encanto
De una caricia de pluma.
De algún redil cabrío, que en tibiezas amigas
Aprontaba al rebaño su familiar sosiego,
Exhalaban un perfume labriego
De polen almizclado las boñigas."
Con hiperbólicas comparaciones muestra el trabajo que va haciendo la brocha. a continuación vamos a ver cómo el barbero le habla de su ideología política a través de anécdotas. Pero después de la "sonora mordedura de la navaja" (todos los hombres alguna vez experimentamos eso (?)) al final de la estrofa nos damos cuenta que al poeta le interesa otras cuestiones…
"Con sonora mordedura
Raía mi fértil mejilla la navaja.
Mientras sonriendo anécdotas en voz baja,
El liberal barbero me hablaba mal del cura.
A la plática ajeno,
Preguntábale yo, superior y sereno
(Bien que con cierta inquietud de celibato),
Por sus dos hijas, Filiberta y Antonia;
Cuando de pronto deleitó mi olfato
Una ráfaga de agua de colonia."
O sea: siente una poderosa fragancia e inmediatamente ve a una de las hijas del barbero (que por la actitud prácticamente se la entrega en bandeja a la piba) Lugones así la describe:
"Era la primogénita, doncella preclara,
Chisporroteada en pecas bajo rulos de cobre.
Mas en ese momento, con presteza avara,
Rociábame el maestro su vinagre a la cara,
En insípido aroma de pradera pobre.
Harto esponjada en sus percales,
La joven apareció, un tanto incierta,
A pesar de las lisonjas locales.
Por la puerta,
Asomaron racimos de glicinas,
y llegó de la huerta
Un maternal escándalo de gallinas"
Se entiende? en la última estrofa se ve la enorme capacidad de Lugones de sugerir un montón de cosas en pocas lineas. "Percales" significa algo así como ropa de algodón barata y "lisonjas" significa adulación. Está diciendo que la mina entra incómoda por la ropa que lleva puesta y que pese a que está acostumbrada a recibir todo tipo de adulaciones en ese pueblo ya que al parecer las hijas del barbero son las más lindas), la mina no es un a tipa segura sino “un tanto incierta”
"Cuando, con fútil prisa,
Hacia la bella volví mi faz más grata,
Su púdico saludo respondió a mi sonrisa.
y ante el sufragio de mi amor pirata,
y la flamante lozanía de mis carrillos,
Vi abrirse enormemente sus ojos de gata,
Fritos en rubor como dos huevecillos"
Básicamente está diciendo que le cabió a la mina. Él se hace el gato mostrandole la "lozanía" de sus "carrillos" es decir, la belleza de su cara recién afeitada. ella abre grande los ojos y se ruboriza; y llegamos a la estrofa final:
"Sobre el espejo, la tarde lila
Improvisaba un lánguido miraje,
En un ligero vértigo de agua tranquila.
y aquella joven con su blanco traje
Al borde de esa visionaria cuenca,
Daba al fugaz paisaje
Un aire de antigua ingenuidad flamenca".
Otra vez en los primeros versos vuelve a mostrar magistralmente el correlato exterior de su estado de animo interior describiendo la tarde lila reflejada en el espejo, que se completa, en tanto paisaje, con la sugerente presencia de la minita.