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martes, 17 de noviembre de 2015

El "mundo de las ideas" del macrismo y la pavada de las solicitadas

A semanas del balotaje armaron la versión de Carpa Abierta de la derecha. No nos extraña que la firma de Pola Olaixarac forme parte de la solicitada que publicaron hace unos días. Tempranamente, en el 2012 los pibes de Planta le sacaron la ficha.


Un juicio sobre Pola Oloixarac (2012, Publicado en REVISTA PLANTA)

Análisis de Las teorías salvajes en sus niveles estilístico, cultural y político. La filosofía, el Zeitgeist y la agenda del progresismo.

Por Damián Selci y Nicolás Vilela

1- Mis Documentos
Aunque muchos comentaristas coincidieron en que Las teorías salvajes (Entropía, 2008) es un libro "sádico", "revulsivo", "sin miramientos en su crítica del ambiente cultural argentino", hay elementos para pensar que, pese a todo, tiene un final feliz. En el último capítulo la narradora se prepara para un encuentro con un profesor de la universidad, Augusto García Roxler. Leemos entonces lo siguiente: "Tengo la tentación de imprimirle la carpeta entera de 'Mis Documentos', mi compendio de observaciones desde el comienzo de mis lecturas adultas, la totalidad de mis intuiciones antropológicas, esbozos de las teorías nuevas sobre las que estoy trabajando, mi sociológica historia de la perversidad. Pero no. Mejor recapitular. Ordenar, enlazar, componer, volver a numerar". Durante toda la novela García Roxler, docente universitario izquierdista, fue parodiado con saña; sin embargo, en la última escena se convierte en alguien envidiable: al parecer él, a diferencia de nosotros, se salvó de leer la novela entera de Pola Oloixarac (1977). Final feliz, entonces: para García Roxler, no para el lector. Considerando el carácter más bien inútil que marca desde el principio el contenido de este libro, se puede pensar que Las teorías salvajes es la impresión de la entera carpeta de "Mis Documentos" de una estudiante de filosofía singularmente eufórica. Sin embargo, o quizá por eso mismo, Las teorías salvajes se ganó un atisbo de novedad; esto puede ser notable o incomprensible según se mire, y para muchos, directamente irrelevante; pero el que todos los logros de Las teorías salvajes deban ser situados del lado del ruido cósmico y la venta de humo no excluye, y más bien reclama, una intervención crítica de tendencia humanista y quirúrgica. No hay que descartar que los comentaristas, en su mayoría, hayan escuchado música celestial donde no había más que un coro de bocinazos (no sería la primera vez) pero, en todo caso, a los efectos de la comprensión intelectual se torna necesario hacer un mínimo sobrevuelo por el enorme cúmulo de ideas que Oloixarac vertió en su novela y en sus entrevistas. Hay un hecho sugestivo, y es el siguiente: la pátina de "desparpajo", de "novela ambiciosa", de "libro necesario" que Las teorías salvajes consiguió durante el verano obstruye la percepción del carácter fundamentalmente regresivo del texto en todos los niveles de su forma: en lo sintáctico, en lo cultural, en lo político. Es lo que nos proponemos demostrar.

2- "La sintaxis no miente"
Empecemos con la "preocupación por el estilo" que Oloixarac manifestó en la reciente charla en Eterna Cadencia organizada con motivo de la presentación de la novela, y sumémosle a eso la cantidad de veces que aparece la palabra "sintaxis" en el texto (¿doce veces? ¿veinte veces?). Abrimos Las teorías salvajes y leemos la primera oración: "En los ritos de pasaje practicados por las comunidades Orokaiva, Nueva Guinea, los niños que van a ser iniciados, varones y niñas, son primero amenazados por adultos que se agazapan tras los arbustos". Es una sorpresa, realmente. En términos estilísticos parece un inicio poco prometedor: tres participios rimados ("practicados", "iniciados" y "amenazados"), un criterio extraño para la aposición de los sustantivos ("niños" es dividido, redundantemente, en "varones y niñas") y una aliteración de tres vocales que salió indemne de la corrección (a-o-u: "adultos" y "arbustos", las dos en el mismo período). Quizá no se pueda ser tan exquisito; los comienzos siempre son difíciles. Pero al rato nos sentimos otra vez desorientados. Descubrimos que casi no hay página que no contenga alguna palabra en itálicas: "La filosofía es el playground de Satán"; "La culminación mezclaba las lágrimas y el semen, se sentía muy terapéutico"; "la banda punkie Dos Minutos". Qué raro. Si en la primera frase el recurso se justifica porque se trata de una palabra extranjera, en la segunda... ¿por qué? ¿Y la tercera? ¿Qué es una banda punkie? Difícil saberlo. Existen bandas punks en nuestro país por lo menos desde 1979 (Los Violadores), momento en que la autora tenía dos años. Sin embargo, no parece que sea la falta de cultura joven lo que explique esta rareza de Oloixarac: palabras tan cercanas como puff, blog, disc-jockey, que ya tienen carta de ciudadanía por el uso, son sometidas al bastardilleo, como así también legible, efecto, post, intervalo o cualquier otra... La revista Viva no se atrevería, como Oloixarac, a ponerle cursivas a un campus universitario. Sin dudas es una escritora con mucho desparpajo. Pero en fin, ¿qué son unas cuantas itálicas desperdigadas por ahí? Nada. En cambio preocupan más las repeticiones de estructuras ("Caminando a zancadas, esquivando mis juicios lapidarios"), la imitación quizá voluntaria del lenguaje de traducción ("quitarle", "más de las veces"), el recurso permanente a la prosa de monografía ("se sabe"), la abrumadora cantidad de menciones a filósofos ("el primer Wittgenstein"), la construcción de metáforas equidistantes respecto del posestructuralismo francés y la copia novata del romanticismo ("en otros pozos de sentido, otras penínsulas de rocas"), el procedimiento de "risa enlatada" (un personaje hace una observación "picante" y la narradora, para ayudarnos, aclara que otro se ríe), más aposiciones increíbles ("Porque lo que quiero decirte -lo que aúllo por comunicarte-"), más itálicas, más nombres, más, más... ¿A qué responde este sistema expresivo? ¿Inseguridad retórica? ¿Falta de autoestima estilística, tal vez? Como hipótesis se puede sugerir que Oloixarac no tiene mayor confianza en su prosa y que por eso apela al relleno, la redundancia, la gigantografía. Rara vez deja tranquilos a los sustantivos; prefiere hostigarlos con aposiciones, construcciones adjetivales, subrayados... Hacia la página 141, cuando el lector ya percibió que la narradora no tiene un buen concepto de la izquierda occidental, hay una escena donde un libro de Trotsky queda tirado en el piso: parece suficiente demérito para el marxismo soviético, pero a Oloixarac no le alcanza, y nos reasegura que lo que está ahí es su "pobre, avejentada e inútil historia de la revolución rusa". Adjetivos, adjetivos, adjetivos: todo tiene que ser remarcado en el estilo-pánico de Oloixarac (1).

3- Miguel Cané con polleras
Un personaje "levanta una ceja despectiva", otro mira con "canónica desconfianza", la narradora se refiere a un "tono de maestrita bonaerense": hipálages, hipérboles y diminutivos son tres de los recursos con los que la adjetivación se hace cargo de un único sentimiento: el desprecio social. El balance del breve análisis precedente arroja un resultado claro: un estilo dispuesto a perderse entre adjetivos desdeñosos, aposiciones redundantes, bastardillas que fingen distancia en palabras que no la tienen, etc., es un estilo con un afán de distinción cultural. Lo que importa a la hora de escribir no es, parece, canalizar literariamente las ideas, aspiraciones y temores de los contemporáneos, sino marcar con una cruz a los ignorantes y parodiarlos sin tregua. ¿Quiénes son los ignorantes? Adelantemos algo que vamos a retomar después: los ignorantes son los subeducados por "la cultura progresista". ¿Quiénes son, entonces, los sobreeducados? Aunque no parezca, es por medio de esta pregunta que puede entenderse aquella extraña afirmación de Oloixarac durante la charla en Eterna Cadencia: el lector ideal de Las teorías salvajes sería, según dijo, "una persona profundamente humanista". Considerando la vocación peyorativa de Las teorías salvajes, parece una tesis indescifrable, y sin embargo no lo es: el nombre propio que aclararía la cuestión sería el de Miguel Cané, autoproclamado humanista que con una mano escribía loas a los autores clásicos y con la otra redactaba una Ley de Residencia para expulsar a los inmigrantes que quisieran introducir ideas socialistas en la clase obrera argentina. Esta referencia no tendría que sonar desmedida: después de estudiarlos un rato, tenemos la sensación de que los "saberes" de la novela no buscan proporcionar alguna información útil sino que funcionan como vectores de estratificación social. El conocimiento aparece como una determinación acumulable que distingue entre los que "saben" y los que no. Y los que saben son los que leyeron, claro: ante todo, filosofía. Por esa razón, no resulta necesario que el saber sea verdaderamente profundo, o sea, útil en algún sentido; a los efectos de Oloixarac basta con mencionarlo. Todo sucede como si Platón, Aristóteles, Descartes, Kant, Rousseau, Hobbes, Clausewitz, Wittgenstein y Althusser pasaran, saludaran a la plebe y se metieran de nuevo en la hoja de apuntes (2). Por momentos Oloixarac entiende que tratar a los filósofos como se cantan los números de la lotería puede ser insuficiente como prueba de sofisticación, y entonces filosofa sobre: Borges, la cópula, el Aleph y los espejos; Platón, los guerreros homosexuales que son tanto más guerreros cuanto más homosexuales; Hobbes y el terror... Pero claro, no son temas inéditos, sino una doxa desmayada. Oloixarac parece decirnos que es mejor evidenciar un saber cualquiera antes que preguntarse qué hacer con él (por eso las bastardillas enfatizan una palabra de cada cuatro: para generar apariencia de concepto). La mímica argumentativa de su novela está hecha de notas al pie, citas en lengua original, referencias bibliográficas, y no de algún contenido digno de atención. Esto se vuelve particularmente claro en la charla en Eterna Cadencia, donde Oloixarac acometió con un panegírico de la escritura "pura", argumentativamente acérrima, de Spinoza: "¡Eso es escribir historias!", aseguró. Pero si relacionamos esa frase con lo que pasa en Las teorías salvajes queda claro que Oloixarac entiende a la literatura como un recipiente donde emitir teorías que no podrían sostenerse ni un instante en los géneros argumentativos convencionales, y a la filosofía como un barniz para disimular el descascaramiento de su prosa literaria. Por cierto esto no significa que Las teorías salvajes esté "entre" la filosofía y la literatura, sino más bien que pretende estafar a una con la otra. Es, podríamos decir, el triunfo de la parafernalia. Y la parafernalia tiene una lógica implacable. Oloixarac no se priva de escribir su propia ontología; esto le habrá demandado tiempo, seguramente, y es una pena porque nadie se lo devolverá. De cualquier manera, podríamos pensar que sí existió una recompensa: la simulación del pensamiento por parte de Oloixarac tuvo como contrapartida la simulación de la sorpresa por parte de los reseñistas. Es posible (¿por qué no?) que el simulacro haya sido tan bueno como para que los mismos actores se lo creyeran. Pero, aunque hay que respetar las creencias privadas de las personas, nuestros problemas son otros: a nivel cultural, la base del humanismo conservador de Oloixarac es una absoluta tabula rasa de información práctica.

4- Oloixarac y sus precursores
Nada compite en asco con el capitalismo escénico desarrollado por las izquierdas para la comercialización de sus productos. Es una forma de banalidad común a las sociologías triunfantes: el silogismo práctico según el cual la verdad está necesariamente del lado de los perseguidos y de los pobres, sólo porque halaga al ideal democrático en vigencia y otra sarta de eufemismos que no pueden ser puestos en duda. Tener una izquierda triunfante en el ámbito de la cultura tiene consecuencias peores que simplemente malas películas. (Pola Oloixarac, Las teorías salvajes, p. 188).
El pobrismo no es un mecanismo de dominación, es una visión de la sociedad, una filosofía de vida, una versión del mundo. (...) Pobrismo es hacer de la comunidad carenciada una comunidad virtuosa, del hombre caído un personaje siempre más valioso y mejor que el hombre entero y capaz de algo. (...) Pobrismo es, para un político, cortejar a la pobreza como a una novia, siendo incapaz de generar otra estrategia de poder que la de reinar en el vacío. (Alejandro Rozitchner, "Una visión pobrista", http://www.bienvenidosami.com.ar/v2/articulos/2005_Noticias_UnaVisionPobrista.html).
El impulso básico de Las teorías salvajes se podría resumir en la siguiente fórmula: hay que terminar con la hegemonía de la izquierda progresista en el campo cultural. No hay otra manera de entender la ideología del libro. Los reseñistas han marcado el carácter "crítico, revulsivo" de Oloixarac; lo que no dijeron es que todas las críticas que hace van por derecha. La novela incluye una parodia de la pregnancia del marxismo en la universidad; una parodia de la educación sexual en los colegios; una parodia del diario íntimo de una militante maoísta; una parodia de un profesor de izquierda; una parodia de otro profesor de izquierda; una parodia de las mujeres que se anotan en la carrera de Psicología; una parodia del discurso de una psicoanalista lacaniana; una parodia de una docente bonaerense que habla marcando las zetas; una parodia del modo de vestir de los estudiantes de Puán; y otras parodias que omitimos por cansancio. Por supuesto, decir que Oloixarac es una escritora de derecha sería erróneo: no es escritora. La disyuntiva entre escribir legiblemente y emitir una opinión desaforada contra cualquier cosa que parezca izquierdista decanta, por sí sola, en la segunda opción. Si bien es probable que Michel Houellebecq sea un referente para Oloixarac (como lo es, según declaró en Eterna Cadencia, Peter Sloterdijk, un filósofo alemán muy parecido, en cuanto a lo atrevido de su inanidad mental, al escritor francés), por razones de locación Alejandro Rozitchner parece una referencia más apta. Y no solamente porque tanto Oloixarac como Rozitchner usen la filosofía de un modo que no desentonaría con la revista Brando, situándose entre una nota sobre la mejor manera de invertir 30 mil dólares y la última producción fotográfica de Pampita Ardohain. Los párrafos arriba citados muestran que además comparten un nietzscheanismo glotón y arancelado. Pero Oloixarac es más joven o (todavía) más vehemente que su colega; no solamente quiere ser de derecha, además quiere demostrar la superioridad filosófica de la derecha. En esta instancia el libro alcanza un súmum de risibilidad. En la página 87 podemos leer que el sentido de la palabra "revolución" en Copérnico, designando los trayectos fijos de los planetas, tenía un "sentido fuertemente conservador" que "sólo se vio modificado posteriormente con el quilomberismo jacobino francés". Nosotros, lectores modernos que apoyamos el proceso contra Luis XVI, nos preguntamos: ¿y? Es triste, o inevitable, que Oloixarac se distraiga con semejante bagayeo. Pero todo derechista tiene en algún momento que hacer un excurso etimológico para refrenar el avance de la marea roja: Nietzsche buscó en la Genealogía de la moral la etimología de la palabra "bueno" para mostrar que el término original no se predicaba de los pobres y toda la lacra social judeocristiana, sino de los vikingos; Heidegger buscó la etimología del término griego aletheia para probar que Occidente se había cerrado al Ser y había caído entre las tenazas del americanismo y el sovietismo; Mariano Grondona también es famoso por buscar etimologías, y a veces hasta por encontrarlas. Para decirlo de una vez, Pola Oloixarac no es moderna. El recurso a la etimología como piedra de toque de sus críticas a la tradición de izquierda es una prueba clara de que, ante todos los fenómenos de la vida social, Oloixarac mira para atrás. Su desprecio no es una comprensión del mundo sino la secreción imparable de una melancolía agrietada, medieval. Con estas premisas, será claro para el lector que cuando Oloixarac se abone a escribir sobre la lucha de clases en la Argentina de los 70 sólo podrá exhibir una desorientación máxima. La novedad, en este punto, se limita a refritar dos veces la teoría de los dos demonios (cf. el ¡otro! excurso etimológico sobre la palabra "bestia" en la p. 193, y el videojuego Dirty War 1975 en la 213 y ss.)

5- TN o el Zeitgeist
La distancia que Oloixarac impone con el mundo humano, expresada en la sintaxis aterrorizada, en las descripciones con mero afán despectivo, en los muñecos inertes que hace pasar por personajes y en las escenas inverosímiles que monta con la sola voluntad de escupir contra algún lugar común progresista, es precisamente lo que le cierra el acceso a la comprensión del mundo en el que vive. Por eso estamos en condiciones de afirmar que en Las teorías salvajes no hay ideas sobre nuestra época. La entrevista en donde Oloixarac decía que lo que le interesaba era aprehender el Zeitgeist nos había entusiasmado; la novela que vino a testificarlo nos dejó un regusto a decepción. Por duro que sea, hay que asumir que la promesa de entender el presente decae hacia la perezosa ocurrencia de que el mundo de los jóvenes está hecho de drogas sintéticas, fiestas, orgías, blogs y videojuegos violentos... ¿Realmente Oloixarac cree en todo esto? Es una etnografía de noticiero, esquemática, que sólo repite el nivel de credibilidad y espesor de los columnistas de TN, siempre interesados en la sexualidad borrosa de los floggers y en "el descontrol en Villa Gesell". Insignificancias, claro, históricamente causantes del fastidio de generaciones de artistas e intelectuales, pero que no disgustan a Oloixarac. Para abreviar, en lugar de un Zeitgeist novelado encontramos delirio de novedad, populismo informativo y fanatismo derechista: se dirá que son los riesgos de escribir con el televisor prendido, y es posible; no hay muchas maneras de explicar el escandalizado interés por los vendedores ambulantes de la facultad, ni el enfoque de suplemento informático dominical con que la novela se acerca a "temas de actualidad" como internet y los hackers; hasta hay una escena de "inseguridad" con unos ladrones tan falsos que hacen pensar en la necesidad (literaria, claro) de que Oloixarac sea asaltada más seguido. La mentalidad de movilero frívolo que organiza la perceptiva de la novela explica, también, las escenas sexuales. Ya sabemos que Oloixarac busca correr por derecha al progresismo en todas sus líneas: por ende, en Las teorías salvajes está mal vista de educación sexual en los colegios (cf. p. 38), pero bien vista una moral sexual "perversa", que no tiene nada que ver con la de Sade o Lamborghini, pero sí con el destape católico: los personajes no se pierden a sí mismos por la vía de la violencia sexual, sino que, por el contrario, alardean un descarrío tan falto de consecuencias que sólo puede ser la antesala de un lógico matrimonio burgués. Es sabido que al poder eclesiástico no le molesta que sus representantes abusen de algunos niños, pero le fastidia que el Estado le dispute el monopolio discursivo sobre la sexualidad. Las teorías salvajes comparte esta canónica desconfianza.

6- De la autoestima a la autocrítica
Que las reseñas y los comentarios hayan gustado de Las teorías salvajes por su impronta "disidente" y "descarriada" no puede asombrarnos, finalmente, "la literatura debe cuestionar", etc.; pero queda abierta la pregunta acerca de si realmente sobra progresismo en este país, es decir, si verdaderamente hay resto como para que los comentaristas del libro de todo el arco cultural celebren las invectivas de la novela de Oloixarac sin hacer mención a su carácter retardatario. Basta con hojear cualquier diario con llegada para notar que las mínimas posiciones de izquierda son todos los días desmentidas desde los títulos hasta el editorial y el chiste de la contratapa. Dada la carencia de una agenda cultural progresista, lo que encontramos en Las teorías salvajes es consenso periodístico de derecha, más que incorrección intelectual. Claro que un autor ideológicamente conservador podría tener otros méritos (Céline, León Bloy o quien sea): pero creemos haber demostrado que Las teorías salvajes no muestra nada interesante en ninguno de sus niveles. La defensa del texto, por lo tanto, es imposible de hacer, salvo desde la derecha (3). Los comentaristas, apelando a la construcción adjetival "hija descarriada de Puán", han pretendido que Oloixarac de alguna manera compartía con ellos un éter común, el universitario, y entendieron que todas sus críticas eran, por así decir, "internas". En este punto se impone un desagravio general de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA: ciertamente no se la puede responsabilizar de haber engendrado a Las teorías salvajes. La relación de Oloixarac con la academia es narrativa y argumentativamente tan anodina como con el resto de los temas. Hasta aquí, la única evidencia es que Las teorías salvajes no sirve para pensar. Tampoco para escribir: no contiene una sola idea literaria válida (¿parodiar profesores universitarios es el destino de la narrativa?) y su uso de la hipotaxis tiene resultados espectrales. Su desparpajo derechista no nos convoca como lectores, no le da expresión a las cosas que pensamos y encarna, en diversos niveles, el fin de la inteligencia a manos de la pereza, el amague y la vanidad. Es una novela sin amor. Con todo, el censo final sugiere la posibilidad de un acontecimiento estremecedor: una retractación pública por parte de Oloixarac. A sala llena, con brindis festivo y empanadas: ideal para el comienzo del otoño. ¿No sería estimulante?
(3) Por eso resulta raro que Oloixarac haya participado en la Mesa Redonda del Día de la Mujer celebrada el pasado 11 de marzo en el Centro Cultural "Paco Urondo" (sito en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA) con una ponencia sobre "La belleza y la guerra en Las teorías salvajes". Raro porque, teniendo en cuenta la manera en que las mujeres aparecen representadas, se diría que la suya es una novela falocéntrica.


lunes, 23 de junio de 2014

El tímido verborrágico

Escuchar a Horacio Gonzalez es una experiencia placentera. A veces disiento, pero es notable que alguien con un prosa barroca  y una oralidad no menos compleja, sea tan coherente; piensa y habla cotidianamente así,  de un modo oscuro y hermético, como si estuviera leyendo a Hegel, tanto al pedir un café en un bar como al dar una clase académica. 
Esto tiene que ver con un principio constructivo que sostengo y defiendo: el estilo no es un adorno (o no debe serlo), es un conjunto de recursos retóricos para hacer más eficaz la comunicación y la profundidad del tratamiento de un determinado tema. Horacio no cancherea cuando habla difícil o cuando escribe con sus volteretas sintácticas usando un léxico amplio, diverso. Horacio busca la precisión; vemos cómo usa el lenguaje desde su función eminentemente práctica: lo supedita a la intervención en el debate público, con compromiso y honestidad intelectual, buscando los argumentos necesarios y pertinentes aunque eso implique pegar mil vueltas; no hay, por lo demás, erudición jactanciosa, sino sólo un recurso más para perfeccionar la coherencia entre lo que piensa y dice. Alguien me objetará: “pero qué ingenuidad, eso es tan aristotélico”. Yo le respondo: no importa, todavía en Occidente los problemas son los mismos. Con Horacio nos damos cuenta que la erudición no es una colección de citas de alta cultura, es una caja de herramientas siempre lista para interpretar una idea, para relacionar, contextualizar, historizar y poner, lo que sea, en el lugar que le corresponda. En decir, para ver al objeto que se analiza con mayor claridad y distinción. Uy: ahora alguien va a decir que esto es basura moderna, que es excesivamente deudor del método cartesiano. No importa, ya lo dijo Cristina hace poco en la plaza del 25: tenemos que ser un poco más claros. Y Gonzalez, paradójicamente, que es complicado, difícil de entender, en realidad es claro, transparente. No obstante, tal vez debamos acostumbrarnos a que claridad no es sinónimo de simple y fácil, claridad no implica allanar caminos. Con Horacio hay que hacer un esfuerzo.

Hace poco en el programa de radio la Otra, de Oscar Cuervo le hicieron una entrevista muy buena, habló de todo, con esa voz trémula que lo revela tímido como él mismo se caracterizó alguna vez. ¿Por qué es muy buena la entrevista? Porque los entrevistadores le brindan tiempo para que desarrolle sus ideas, para que se explaye.


domingo, 2 de febrero de 2014

Esa organización horripilante llamada Greenpeace



Les recomiendo fervorosamente la lectura de este interesante texto sobre la política de Greenpeace, su sistema de financiamiento, las corporaciones aportantes que operan detrás, la relación estrecha con el imperio y las campañas fraudulentas que lleva a cabo desde hace varios años. No seamos tontos...

"LOS PRINCIPALES APORTANTES DE GREENPEACE SON:

1. Rockefeller BrothersFund. John D. Rockefeller fue el fundador de Standard Oil, empresa petrolera que debido a su monopolio mundial fue declarada ilegal y dividida en 34 empresas controladas por los Rockefeller. Entre ellas Exxon Mobil Corporation. También la familia es dueña de los bancos JP Morgan Chase y City Bank.

2. Turner Foundation Inc. El conocido Ted Turner, magnate propietario de más de 70.000 hectáreas en la Argentina. Es el primer terrateniente de los EEUU con 700.000 hectáreas. Posee la mayor manada de búfalos (bisonte americano) del mundo formada por 27.000 cabezas. Organiza cacerías en las que cobra más de 10.000 dólares por cazador. Eso sí, las piezas cobradas deben entregarse a la empresa de Ted y la carne se comercializa a través de su cadena de restaurantes Ted´s Montana Grill. Fue el fundador de CNN y controla muchos medios alrededor del planeta. Esto explica por qué Greenpeace no lanza una campaña “Salvemos los búfalos” y las trapisondas verdes son tratadas con disimulo mientras que, sus campañas con buena imagen son difundidas a todo trapo.

3. Marisla Foundation o Homeland Foundation: GETTY. De la familia de John Getty fundador de la GettyOil hoy Lukeoil. Otra empresa petrolera. Nos viene a la mente el argumento que Greenpeace utiliza para desacreditar a algún científico que no concuerda con la teoría oficial del “calentamiento global antropogénico”: “debe estar financiado por las empresas petroleras” ¡Qué bueno! Igual que Greenpeace.

4. Charles Stewart MottFoundation. Charles fue fundador de la General Motors, proveniente de Buick. Ahora la General Motors produce a nivel global más de 9 millones de vehículos al año, alrededor del 12 % del mercado mundial. ¿Los vehículos automotores no consumen productos de industria petrolífera? ¿Estos vehículos no emiten gases contaminantes a la atmósfera, como el tóxico CO y además material particulado en parte responsable del “smog”?". Completo acá.
LOS PRINCIPALES APORTANTES DE GREENPEACE SON:
1. Rockefeller BrothersFund. John D. Rockefeller fue el fundador de Standard Oil, empresa petrolera que debido a su monopolio mundial fue declarada ilegal y dividida en 34 empresas controladas por los Rockefeller. Entre ellas Exxon Mobil Corporation. También la familia es dueña de los bancos JP Morgan Chase y City Bank.
2. Turner Foundation Inc. El conocido Ted Turner, magnate propietario de más de 70.000 hectáreas en la Argentina. Es el primer terrateniente de los EEUU con 700.000 hectáreas. Posee la mayor manada de búfalos (bisonte americano) del mundo formada por 27.000 cabezas. Organiza cacerías en las que cobra más de 10.000 dólares por cazador. Eso sí, las piezas cobradas deben entregarse a la empresa de Ted y la carne se comercializa a través de su cadena de restaurantes Ted´s Montana Grill. Fue el fundador de CNN y controla muchos medios alrededor del planeta. Esto explica por qué Greenpeace no lanza una campaña “Salvemos los búfalos” y las trapisondas verdes son tratadas con disimulo mientras que, sus campañas con buena imagen son difundidas a todo trapo.
3. Marisla Foundation o Homeland Foundation: GETTY. De la familia de John Getty fundador de la GettyOil hoy Lukeoil. Otra empresa petrolera. Nos viene a la mente el argumento que Greenpeace utiliza para desacreditar a algún científico que no concuerda con la teoría oficial del “calentamiento global antropogénico”: “debe estar financiado por las empresas petroleras” ¡Qué bueno! Igual que Greenpeace.
4. Charles Stewart MottFoundation. Charles fue fundador de la General Motors, proveniente de Buick. Ahora la General Motors produce a nivel global más de 9 millones de vehículos al año, alrededor del 12 % del mercado mundial. ¿Los vehículos automotores no consumen productos de
la industria petrolífera? ¿Estos vehículos no emiten gases contaminantes a la atmósfera, como el tóxico CO y además material particulado en parte responsable del “smog”?
LOS PRINCIPALES APORTANTES DE GREENPEACE SON:
1. Rockefeller BrothersFund. John D. Rockefeller fue el fundador de Standard Oil, empresa petrolera que debido a su monopolio mundial fue declarada ilegal y dividida en 34 empresas controladas por los Rockefeller. Entre ellas Exxon Mobil Corporation. También la familia es dueña de los bancos JP Morgan Chase y City Bank.
2. Turner Foundation Inc. El conocido Ted Turner, magnate propietario de más de 70.000 hectáreas en la Argentina. Es el primer terrateniente de los EEUU con 700.000 hectáreas. Posee la mayor manada de búfalos (bisonte americano) del mundo formada por 27.000 cabezas. Organiza cacerías en las que cobra más de 10.000 dólares por cazador. Eso sí, las piezas cobradas deben entregarse a la empresa de Ted y la carne se comercializa a través de su cadena de restaurantes Ted´s Montana Grill. Fue el fundador de CNN y controla muchos medios alrededor del planeta. Esto explica por qué Greenpeace no lanza una campaña “Salvemos los búfalos” y las trapisondas verdes son tratadas con disimulo mientras que, sus campañas con buena imagen son difundidas a todo trapo.
3. Marisla Foundation o Homeland Foundation: GETTY. De la familia de John Getty fundador de la GettyOil hoy Lukeoil. Otra empresa petrolera. Nos viene a la mente el argumento que Greenpeace utiliza para desacreditar a algún científico que no concuerda con la teoría oficial del “calentamiento global antropogénico”: “debe estar financiado por las empresas petroleras” ¡Qué bueno! Igual que Greenpeace.
4. Charles Stewart MottFoundation. Charles fue fundador de la General Motors, proveniente de Buick. Ahora la General Motors produce a nivel global más de 9 millones de vehículos al año, alrededor del 12 % del mercado mundial. ¿Los vehículos automotores no consumen productos de
la industria petrolífera? ¿Estos vehículos no emiten gases contaminantes a la atmósfera, como el tóxico CO y además material particulado en parte responsable del “smog”?
LOS PRINCIPALES APORTANTES DE GREENPEACE SON:
1. Rockefeller BrothersFund. John D. Rockefeller fue el fundador de Standard Oil, empresa petrolera que debido a su monopolio mundial fue declarada ilegal y dividida en 34 empresas controladas por los Rockefeller. Entre ellas Exxon Mobil Corporation. También la familia es dueña de los bancos JP Morgan Chase y City Bank.
2. Turner Foundation Inc. El conocido Ted Turner, magnate propietario de más de 70.000 hectáreas en la Argentina. Es el primer terrateniente de los EEUU con 700.000 hectáreas. Posee la mayor manada de búfalos (bisonte americano) del mundo formada por 27.000 cabezas. Organiza cacerías en las que cobra más de 10.000 dólares por cazador. Eso sí, las piezas cobradas deben entregarse a la empresa de Ted y la carne se comercializa a través de su cadena de restaurantes Ted´s Montana Grill. Fue el fundador de CNN y controla muchos medios alrededor del planeta. Esto explica por qué Greenpeace no lanza una campaña “Salvemos los búfalos” y las trapisondas verdes son tratadas con disimulo mientras que, sus campañas con buena imagen son difundidas a todo trapo.
3. Marisla Foundation o Homeland Foundation: GETTY. De la familia de John Getty fundador de la GettyOil hoy Lukeoil. Otra empresa petrolera. Nos viene a la mente el argumento que Greenpeace utiliza para desacreditar a algún científico que no concuerda con la teoría oficial del “calentamiento global antropogénico”: “debe estar financiado por las empresas petroleras” ¡Qué bueno! Igual que Greenpeace.
4. Charles Stewart MottFoundation. Charles fue fundador de la General Motors, proveniente de Buick. Ahora la General Motors produce a nivel global más de 9 millones de vehículos al año, alrededor del 12 % del mercado mundial. ¿Los vehículos automotores no consumen productos de
la industria petrolífera? ¿Estos vehículos no emiten gases contaminantes a la atmósfera, como el tóxico CO y además material particulado en parte responsable del “smog”?

jueves, 23 de enero de 2014

Vení a trabar de cabeza con nosotros

Ahora los periodistas deportivos protagonizan los programas de fútbol. Juegan al tenis-fútbol. Son panelistas que se ríen de sí mismos. Promueven la difusión de chimentos de vestuario y discuten entre sí hasta simular enojo. ¡No se tutean nunca!. Cuentan quién los vistió. Dónde se fueron de vacaciones. Hablan de sus novias. Venden pomadas al aire. Repiten frases malísimas como: Fatigatti es un jugador de buen pié. Hacen las mismas preguntas, siempre. Y comentan exactamente de la misma manera un hecho de violencia o un gol inesperadamente errado abajo del arco.

¿Hay algo más insufrible que los periodistas deportivos de Fox, TyC u Olé?

A todos aquellos que quieran conocer un modo diferente de tratar el fútbol, aunque no sean hinchas de Boca, pero especialmente a los hinchas de Boca, les recomiendo que lean el muy buen blog La Passucchi. Se van a encontrar con esto:

"La Passucci es lisa y llanamente una organización clandestina con raíces bien boquenses. Así de fácil. Somos el brazo armado de ideas del Club Atlético Boca Juniors. Conformado por hinchas, socios y no socios, fanáticos, historiadores, filósofos, intelectuales, en definitiva, por auténticos Passuccis. No somos ni la OCAL de Boca, ni una página anti-river, ni un sitio de afiches. No apoyamos ni apoyaremos la violencia de ningún tipo, sin embargo tenemos un arma de altísimo poder: la verdad. Una verdad que viene desde el fondo de la historia y diferencia drásticamente a Boca del resto de los equipos del planeta. La Passucci no va a entrar en aburridas comparaciones sobre copas internacionales, cantidad de superclásicos ganados o descensos sufridos porque para esos temas menores (?) sólo es cuestión de saber sumar. Cuando hablamos de diferencias, por ejemplo entre Boca y River, nos vamos a referir al espíritu de sus hinchas, a la mística y garra de un club y a la notoria fragilidad anímica del otro. No somos una hinchada que nació hace 4 años y descubrió que es importante ir a la cancha, sino que tenemos 106 años de pasión y multitudes en el lomo. La Passucci no sólo cubrirá con un manto de verdad a ese club del ascenso sino que también actuará de oficio contra todo enemigo de la mística boquense. ¿Querés ser un Passucci? Vení a trabar de cabeza con nosotros."

Estos muchachos no sólo se dedican a compartir información fidedigna y verdaderamente interesante sobre la realidad y la historia boquense sino que además intentan resistir los embates de la actual administración macrista que maneja los resortes institucionales de nuestro querido Club. Ante las últimas incursiones marketineras que impusieron nuevos diseños extravagantes a nuestra indumentaria, la Passucchi no deja de recordarnos que el Club posee un patrimonio histórico que es de toda la famila azul y oro y que la camiseta de Boca es una sola, aunque el sponsor de turno prefiera sacar otra al mercado y a la cancha. 

En otros términos, la Passucci quiere evitar que nos suceda una cosa así:



Por qué La Passucci: 

"Roberto Aníbal Passucci fue un ídolo del Boca de los ochenta. Bigote tupido y tapones afilados siempre, sintetizó casi a la perfección lo que millones de hinchas de Boca pedíamos como mínimo para capear años y años de vacas flacas: huevos. Siempre al pie del cañón para jugar con la 2, la 6, la 5, la 11 o hasta yendo al arco como contra Argentinos en el Nacional 83.
Ahora bien, ¿por qué Passucci y no Pescia o Hrabina, Pernía, Giunta, Serna, Mouzo, Suñé o los muchos jugadores que han dejado hasta la última gota de sudor por esta camiseta? La respuesta es clara. La Passucci nace para hacer justicia y Roberto es el justiciero de Boca. Es el jugador que el 27 de octubre de 1985 en territorio enemigo nos vengó a todos, el que fue a la caza del traidor, del judas que por 30 monedas de plata cambió la azul y oro por la camiseta que hoy a mediados de 2011 da sus primeros pasos en el ascenso. El tipo que se plantó frente a la San Martín Baja y se burló de ella. La Passucci en vez de violencia usará el arma de la verdad, del honor, de la mística, del sentimiento. ¿Querés ser un Passucci? Vení a trabar de cabeza con nosotros."

El blog de La Passucchi cuenta con secciones muy divertidas cuyos temas son abordados de un modo inteligente, lejos del estilo del diario deportivo de la corpo, el Olé, dirigido por un tal Leo Farinella, que comparte panel con Paganni todos los mediodías.

Pueden leerlo acá. 

Yo lo leo y sueño con que Boca finalmente abandone el convenio con el Barcelona que estipula entregar prácticamente con moño y en bandeja los mejores jugadores de nuestras divisiones inferiores.

Temo, lo confieso, que la actual comisión directiva nos lleve a esto: